EL PRIMER AÑO DE LA CÁMARA DE SARA

Llegar a una ciudad y país nuevos, con idioma nuevo, gente nueva, trabajo nuevo y empezar una vida. Ese era el panorama con el que me encontraba hace ya un año y algunos meses. Como te puedes imaginar la mezcla de emociones y sentimientos era bastante grande.

¿Qué había de positivo en todo esto? -> Llegaba con muchísima ilusión ya que por fin iba a poder dedicarme 100% a mis proyectos.

Durante unos años había estado compaginando mis dos proyectos (mi empresa de diseño y el estudio de fotografía) con mi trabajo a jornada completa en otra empresa.

Desde siempre había tenido clarísimo que quería tener mi propio proyecto, mi propia empresa y por fin había llegado el momento. Quizás las circunstancias que me rodeaban no eran las mejores para empezar a consolidar una empresa, pero… ¿alguna vez se dan todos los factores necesarios para lanzarte a algo? ¿alguna vez llega el momento justo?

Tenía dudas, ¡claro que las tenía! Pero también tenía muchas ganas y energía. También contaba con la experiencia que había ganado (aunque pequeña, pero algo ya sabía) en el tiempo que había estado creando y trabajando en mi empresa de diseño y sabía que fácil no iba a ser.

Me monté mi propia página web súper sencilla en Wix, definí bien mis servicios y me lancé a enseñar mi trabajo al mundo. Tuve la suerte de gustar a bastantes marcas y de trabajar con ellas para seguir ampliando portfolio.

Los primeros meses, como te imaginarás, fueron muy emocionantes. Cada pequeño logro era una fiesta. Cada vez que recibía un mail de alguien que quería trabajar conmigo saltaba de alegría. Incluso me acuerdo que me escribí en la agenda el día que conseguí mi primer cliente de esta nueva etapa (antes ya había trabajado para clientes, pero al compaginarlo con otros trabajos, me lo tomaba más como un hobby)

No todo fue precioso y de tirar cohetes. También tuve mis primeras experiencias con clientes “listillos” con intención de abusar y no hacer las cosas bien, pero aunque me costó algún disgustillo, conseguí frenarlo pronto y sentar unas buenas bases para trabajar a gusto y sentirme libre, que para eso estaba montando mi propio estudio!

Uno de los momentazos del año sin duda fue el día en el que mi preciosa compañera de fatigas, mi cámara, dejó de funcionar en medio de una sesión de producto y yo estaba a 3 días de entregar esa sesión… Hice un estudio rápido de la mejor cámara para mí en ese momento, abrí con mucho dolor mi cartera (para nada estaba en mis planes en ese momento la gran inversión que suponía una cámara nueva) y salí corriendo a buscar una nueva para poder seguir con mi trabajo y que el cliente no notase nada. Si trabajas con lápices y se te rompe uno, te compras otro sin demasiado drama. Cuando trabajas con cámaras y este tipo de piezas… la solución es la misma pero el drama te aseguro que es mucho mayor jajaja

Si también estás en este mundo del emprendimiento seguro que no te desvelo nada nuevo si te digo que el resto de meses hasta hoy han sido una montaña rusa de emociones constantes pero nuestro cerebro que es muy inteligente acaba borrando o dejando en un segundo plano las experiencias menos agradables para dejarte recordar solo los momentazos y ayudarte a seguir “pa-lante” ¡Gracias cerebro! Es un método de supervivencia…

Ahora solo puedo resumir estos meses como una gran experiencia, aprendizaje y crecimiento increíbles y tengo muchas ganas de descubrir qué aprenderé y conseguiré en este nuevo año para La Cámara de Sara.

Para mí el balance en muy positivo y de momento tengo energía para un buen rato más! ¿Quién sabe lo que durará? Lo que tengo claro es que lo que dure, voy a sacarle el máximo posible a esta aventura!!

Espero que el año que viene tú sigas formando parte del estudio de La Cámara de Sara y que me sigas leyendo y apoyando cada día. ¡Millones de gracias por estar ahí!

Te deseo un muy feliz día y… ¡a seguir cumpliendo sueños!

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